viernes, 18 de septiembre de 2009

Siendo el Buda (II)

Todos ustedes -los que están escuchando en este momento este dictado- son un Ser Consciente. Son una Extensión de una Presencia YO SOY, en realidad ustedes son esa Presencia YO SOY que ha bajado a la Tierra a ver, a averiguar, a saber y a tratar de entender qué se siente ser Carlos, qué se siente ser Carolina, qué se siente ser Francisco, qué se siente ser Walter. Pero ustedes no son esa Carolina, ni ese Francisco, ni ese Walter. Ustedes son el YO SOY que vino a vivir un experimento en el plano terreno. Ustedes son Dios, que tomó la decisión de venir al plano de la materia, a vivir el experimento de saber qué se siente cometer errores, qué se siente equivocarse, qué se siente casarse y tener hijos, qué se siente trabajar, qué se siente desarrollar cantidades de proyectos.


Ustedes son Dios mismo, el único Dios que YO SOY bajando a la Tierra a vivir una experiencia en el mundo material. Entiendan esto, amados. Entiendan esto en su mente externa, porque su mente interna ya lo entiende. Ustedes son la Presencia de Dios Siendo, viviendo y experimentando en el plano de la materia, Mis amados.


Entonces, ya no se identifiquen más con una máscara humana. Porque el objetivo de este experimento no es bajar, experimentar y quedarse deleitándose en el experimento. El objetivo es bajar, muchas veces sembrar y cosechar karma negativo, sufrir dolor -lo que han ustedes experimentado por estos cientos miles de años desde la época de Lemuria hasta hoy- y en algún momento despertar y decir: “Ya está bueno del dolor, ya quiero ser feliz, ya quiero Ser quien YO SOY”. Entonces en ese momento, mis amados, ustedes empiezan a manifestar su verdadera naturaleza, empiezan a manifestar la Luz que ustedes son, empiezan a manifestar el Rayo puro de Luz blanca purísima que ustedes son.


Yo los veo a todos ustedes como un Sol radiante de Luz blanca pura, destellante del Gran Sol Central. Todos ustedes son un Sol, Mis amados. Ustedes ¿Pueden verse a sí mismos como un Sol?


(Las personas responden: “¡Si!”)


Pues bien, Mis amados, recuerden el antiguo adagio: En lo que piensas, en eso te conviertes. Si ustedes piensan que son un Sol, si ustedes visualizan que son un Sol, si ustedes creen que son un Sol, entonces ustedes terminan convirtiéndose en un Sol. En un Sol radiante de Luz, de Luz blanca purísima. Ustedes terminan manifestando el YO SOY en la Tierra.


¿Saben cuál es la magia de todo esto, amados? La magia, es que no hay magia. El truco, es que no hay truco. Lo que sucede, es que ustedes no tienen que moverse del asiento donde están y escalar una montaña increíblemente alta para llegar a alcanzar a una Presencia que está arriba de ustedes. La magia es que ustedes no tienen que sufrir, y no tienen que luchar contra la corriente para manifestar el YO SOY. La magia es que ustedes no tienen que hacer ningún esfuerzo para dejar todas las cosas negativas y manifestar el YO SOY. La magia, amados, es que ustedes simplemente, como un banano, tienen que quitarse esa cascarita que los rodea, esa máscara humana del ego, y manifestar lo que ustedes YA SON.


Yo no les estoy pidiendo que sean algo diferente a ustedes mismos. Yo no les estoy pidiendo que se conviertan en otra cosa que les cueste mucho trabajo. Es esa actitud de lucha, amados, la que hace que muchas personas no avancen en el Sendero espiritual.


Cuando Yo, Gautama Buda, caminé por la Tierra, estuve trabajando muchos años en el Sendero de la Cristeidad. Practiqué el ascetismo arduo. Siendo un asceta, me movía por el bosque con un taparrabos. Soportaba hambre haciendo ayunos prolongados. Practicaba mantras durante horas y horas y horas, Mis amados. Y no alcanzaba la Iluminación.


Entonces creía que la falla estaba en mí, y prolongaba mucho más mis ayunos. Hacía mis ayunos mucho más extensos, y practicaba más y más horas de meditación, y más y más horas de mantras, y más y más horas de devoción a las Deidades. Y mientras más lo hacía, menos era capaz de alcanzar la Iluminación. Entonces triplicaba la tarea, triplicaba las horas de mantras, triplicaba las horas de meditación y extendía mucho más el ayuno. ¿Y saben qué sucedió en ese instante, amados? ¿Qué creen? ¡Por supuesto! mi cuerpo ya no pudo resistir más y caí enfermo. Y entonces, cuando caí enfermo, creí que algo estaba mal conmigo, y creí que todavía tenía que hacer muchos más sacrificios para poder alcanzar la Iluminación, ese despertar espiritual.


En algún momento me di cuenta, que mientras más sacrificios hacía, más me alejaba de despertar a la Iluminación. Y entonces, amados, tomé la decisión de sentarme debajo del árbol Bo y decidí que no me iba a volver a parar de allí hasta que lograra encontrar la Iluminación. Estando allí meditando a la orilla de un río, me di cuenta de que durante todos estos años de trasegar espiritual, lo que yo había estado haciendo era nadar contra de la corriente. Si alguno de ustedes ha practicado la natación en un río, y saben lo que es nadar contra la corriente, se darán cuenta de cuán arduo difícil es eso.


Si, durante todo ese proceso de mi sendero espiritual, estuve nadando contra la corriente. Y eso, mis amados, es lo que a ustedes les ha sucedido durante todo este tiempo, y es por eso que no han podido despertar a la Iluminación, es decir, al conocimiento perfecto de que ustedes son el YO SOY en la Tierra.


Cuando estuve meditando debajo de la sombra del árbol Bo, me di cuenta que yo simplemente había luchado en contra del mundo, había luchado en contra de mí mismo, me había convertido en una casa dividida contra sí misma, había luchado contra el ego. ¿Y saben qué pasa, mis amados, cuando se lucha contra el ego? Pues se le da más poder al ego.


Entonces, lo que hice en ese momento, fue tomar la decisión de que ya no iba a nadar más contra la corriente, y simplemente empecé a fluir, a fluir en las aguas del Río de la Vida. Siendo Sidharta Gautama dejé de querer ser “esto” o “aquello”, porque yo tenía la meta o la decisión de ser “esto o aquello”, así como muchos de ustedes tienen la meta al decir: yo quiero ser como Babaji, quiero ser como More, quiero ser como la Virgen María, quiero ser como Jesús. Y eso está bien en el Sendero de la Cristeidad, pero el paso diferencial al Sendero del YO SOY es que ustedes ya no quieren ser nada de eso; ustedes ya no se quieren parecer a nadie, no se quieren parecer a ningún Maestro. Ustedes ya no se quieren parecer a nada de lo que han guardado en su mente, ustedes ya no se quieren parecer a ninguna expectativa de las que han tenido. Y entonces, simplemente, deciden que van a ser ustedes mismos. Y que van a Ser el YO SOY en la Tierra.


Así que Yo, Gautama Buda, decidí que ya iba a dejar de luchar contra la corriente, decidí que iba a dejar de estar apegado a dogmas, a rituales que me desgastaban durante horas, a ayunos prolongados. Decidí que iba a dejar todo eso de lado, Mis amados, y que simplemente iba a dejar que, en medio de todo ese ruido que yo había construido durante todos esos años, fluyera lo que YO era.


Y sencillamente como una flor de loto que se fue abriendo, fue despertando Mi Iluminación. Todas esas capas fueron desapareciendo; todas esas máscaras de lo que yo creía que tenía que ser o hacer fueron cayendo una a una. Y eso que yo creía que tenía que ser, es mucho de lo que ustedes creen que tienen que ser: una buena persona, un santo, que tienen que ser amados por las demás personas, que tienen que ser considerados por las demás personas, que tienen que ser respetados por otros.


Todo eso era lo que yo quería: que se me considerara como un santo, que se me considerara como una persona muy especial, que las personas me tuvieran respeto. Me di cuenta que todos esos deseos que yo quería que se manifestaran en mí, eran las máscaras del ego que quería que yo fuera “esto” o “aquello”. Cada vez que ustedes quieran ser “esto” o “aquello” en el sendero espiritual, reconozcan que ésas son las máscaras del ego, Mis amados.


Lo que Yo hice después, es que dejé de desear ser “esto” o “aquello”, dejé de apegarme a las expectativas de lo que creí que debería ser por haber practicado durante tantos años los mantras y el ascetismo. Entonces simplemente guardé silencio. Dejé que todas esas máscaras se cayeran, Mis amados, y empecé a manifestar lo que realmente era. Y silenciosamente… vino el Buda. Y no vino de ningún lado, porque el Buda siempre estuvo ahí. Sidharta Gautama siempre fue el Buda, lo que sucedió es que nunca se quiso dar cuenta de ello.


Silenciosamente, como una flor que se fue abriendo, el Buda se manifestó. Y el Buda no estaba en el Cielo, no estaba en el centro de la Tierra, no estaba en las estrellas: el Buda era Yo.


Así que Mis amados, hoy les revelo otro secreto, pero antes les haré una pregunta: Todos ustedes quieren ser el Buda ¿verdad?


(Las personas presentes responden: “¡Sí!”)


Pues, no quieran ser el Buda. Porque al querer serlo están queriendo ser “algo”, y están fijando su mente en una meta externa. Todos ustedes quieren lograr metas a nivel espiritual, y ser “esto” o “aquello”. Pero lo que yo les digo es: quédense en silencio. Simplemente escuchen su respiración, escuchen cómo el aire entra a sus pulmones, y cómo sale de ellos. En cualquier hora del día o de la noche, pueden hacer esto. Quédense en silencio dé todo ese ruido de expectativas mentales, de que quiero ser “esto” o “aquello”, “quiero ser un Maestro”, “quiero ser una Maestra”, “quiero ser...” Silencien su mente de todo ese ruido, “que quiero ser, manifestarme y ser de ésta manera, o de la otra, que quiero ser un ejemplo para muchos…” Suelten todo ese ruido y dedíquense solamente a escuchar su respiración, de cómo el aire entra y sale por sus pulmones. Y silenciosamente, se darán cuenta que ustedes… ¡Son el Buda! Que siempre lo han sido. Durante todos estos miles de años que llevan en este planeta, ustedes eran el Buda. ¿Y saben por qué no lo encontraban? Porque lo estaban buscando afuera de ustedes, Mis amados.


Muchos de ustedes se quedan adorándome a Mí, a Gautama Buda, o se quedan adorando a Jesús, o a Lanello. ¿Alguno de ustedes ha rendido adoración hacia el Buda Gautama que Yo Soy?


(Silencio, ningún presente responde)


Ése es otro aspecto de la mente. Ustedes tienen miedo de responder si o no, porque creen que se pueden equivocar. Ya les hablare sobre eso. Les pregunto nuevamente: ¿Alguna vez ustedes han rendido amor, devoción, y adoración hacia Gautama Buda que Yo Soy?


(La audiencia responde: “¡Sí!”)


Pues entonces hoy les digo: No adoren al Buda. Sean el Buda. Porque adorar al Buda a ustedes no les sirve para nada. No los hace más, ni los hace menos. Ni los acerca más al estado de perfección que ustedes deben manifestar. Ya dejen de adorar al Buda, sean el Buda. Y para Ser el Buda no se tienen que convertir en el Buda. Simplemente tienen que dejar de ser el ser humano que creen que son. No se tienen que convertir en “aquello”, subir una montaña escarpada, y meditar en una cueva de los Himalayas para Ser el Buda. Simplemente tienen que quitarse todo ese disfraz, todo ese ropaje, dejar caer todas esas máscaras de lo que ustedes creen que son, y creer que necesitan ser “de ésta” o “aquella” manera, para que la gente me quiera, me adore, para que crean que soy espiritual; simplemente tienen que quitarse eso y ser lo que ustedes son.


Mis amados, cuando ustedes en el silencio de su habitación, o en el bullicio de la calle, empiecen a enfocar su atención en la respiración, en cómo el aire entra y sale por su nariz, cómo el aire llena sus pulmones y sale de ellos. Y en ese silencio dejen de querer ser “esto” o “aquello”. Dejen de querer ser, incluso, espirituales -porque incluso, es un apego querer ser espirituales- cuando ustedes suelten esos apegos, silenciosamente se manifestará el Buda que tú ya eres. El Buda que tú siempre has sido. Lo que tú eres, es decir, el YO SOY y podrás decir conmigo:


¡YO SOY el Buda! ¡El Buda YO SOY! (x9)


Así que Amado, te pido, que por respeto y devoción al Buda que eres, en este momento te brindes a ti mismo, un caluroso, un ferviente aplauso.


(Aplausos)


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