miércoles, 30 de diciembre de 2009

Anatomía de un alma que cayó (II)

Hoy les traigo la primera parte de la enseñanza que entregó Kuthumi sobre el alma de Ignacio de Loyola, y que contiene una gran cantidad de lecciones acerca de la diferencia entre el sendero de la Luz y el sendero de la oscuridad, o también llamado el sendero de la izquierda.

Como veremos, es a menudo el orgullo, la característica que termina precipitando la caída de un alma, y este es quizás uno de los factores principales que se afectan la vida de Loyola.

Pero veamos lo que nos dice el Maestro:

Fue el Jesuita Busenbaum quien escribio en 1650, "Cuando el fin es legítimo, los medios también son legítimos". La vida de Ignacio de Loyola leída del akasha revela la preparación, cuidadosa y sagaz, de la falsa jerarquía de uno que estaba motivado por las semillas del orgullo espiritual y de la ambición espiritual sembrada en el subconsciente por el enemigo mucho antes de que él encarnara en la década final del siglo XV para encontrar dentro de la Iglesia la sociedad siniestra y sagrada a la vez, por momentos aprobada y por momentos desaprobada por el papa - La Compañía de Jesús (mejor conocida como la Orden Jesuita).

Ignacio, el hijo menor de una familia noble y adinerada, era en sus propias palabras "un hombre entregado a las vanidades del mundo, cuyo principal deleite consistía en llevar a cabo ejercicios marciales, con un deseo grande y vano de ganar renombre". El compartía el orgullo de su maestro, así como la L al comienzo de su apellido. Loyola buscaba con ambición la dominación de la Materia no "por mi Espíritu", sino por medio del poder y la fuerza. Y hasta su "conversión" durante su convalecencia de una heridas sufridas en las piernas durante su carrera militar, su orgullo en sus conquistas materiales excedían y de hecho eran la expresión de su sensualidad.


Por una extraña circunstancia del destino manipulada por los ángeles caídos, Loyola -el espíritu orgulloso, el militante, el fastidioso activista - se puso la capa de las austeridades religiosas, llevando a cabo extremas penitencias por sus pecados, auto flagelándose, y dedicando horas de oración al Señor. Siendo sus fines los fines de su maestro, manifestándose de forma subconsciente a veces y luego de forma consciente como un canal de Lucifer, él, como uno de los siete que fundó la Orden en 1540 en una perversión de la consciencia del Cristo, se convirtió en el medio para infiltrar la Iglesia con la filosofía misma de Lucifer.

Esta bien recordar que al entrenar a sus representantes, la falsa jerarquía intenta hacer del Cristo y de las santas ordenes de la Iglesia una parodia mecánica. En el orgullo del intelecto ellos citan la escritura, imitan al Cristo y a sus seguidores, se ponen el vestido de la auto-mortificación, enfatizan todas las virtudes correctas, denuncian los vicios y excesos, desposan la humildad como la hermana de la obediencia pero permanecen como robots en su expresión de ambas. Pero no siempre tienen éxito.

A pesar de sus espirales oscuras y degeneradas, la Compañía de Jesús hoy en día está conformada en un 30% por hijos de la luz - cuya devoción directa a Dios y a su Cristo han protegido sus almas puras de del flujo contaminado de la consciencia que se originó en Ignacio de Loyola. El restante 70 por ciento está compuesto en parte por almas oscuras y en parte por esos hijos de Dios quienes, ya sea a través del orgullo o la ignorancia (ellos mismos ignorando la ley interna del Cristo), han permitido que los programen para seguir los senderos de las almas oscuras.

Los ejercicios espirituales escritos por Loyola están repletos de las doctrinas del Diablo bien entretejidas con las verdaderas enseñanzas del Cristo. Tal como su consciencia, que se convirtió en el terreno para que creciera la cizaña en medio del trigo, sus escritos combinan de tal manera la más grande luz y la más grande oscuridad que no pueden ser separadas salvo en el día de la cosecha cuando el Señor enviará sus ángeles para recoger el trigo de la Consciencia Crística y para cortar la cizaña de la consciencia luciferina para que pueda ser consumida por el fuego sagrado.

Combiando el propósito social con el uso de la manipulación mecánica de la mente de su fundador, la falsa jerarquía usar los votos de pobreza, castidad y obediencia como un medio para justificar los fines de los ángeles caídos -siendo esos fines el control tanto de la Iglesia y del papa por el archi-engañador mismo, quien de ahí en adelante trabajaría usando a los fundadores como marionetas del esquema mayor del Anticristo. Pero había una excepción entre los siete que permanecieron puros a la vista de Dios y el hombre, y me refiero a aquel que sido reverenciado como el patrón de los misioneros y permanece hasta este día como la luz y la llama de la Sociedad de Jesús—San Francisco Xavier.

1 comentario:

Jorge Acuña dijo...

Muchas Gracias

Sinceramente, como dice nuestro amado jesus, esas falsas idolatrias deben ser revisadas y trabajadas.

Que nuestra pureza y sabiduria divina, retome su sitio y sigan reemplanzando nuestros falsos idolos.

Feliz Año a todos