viernes, 1 de enero de 2010

Anatomía de un alma que cayó (III)

Hoy quiero seguir con nuestro estudio de la enseñanza de Kuthumi que tiene por título "Desenmascarando las Falsas Enseñanzas".

En este artículo el Maestro nos sigue revelando aspectos claves de la vida de Ignacio de Loyola que quedaron gravadas en los archivos akáshicos.

Este aspecto de la historia es muy interesante, porque nos muestra como a pesar de sus aparentes buenas intenciones, Loyola era muy vulnerable a las fuerzas del príncipe de este mundo debido a sus anhelos de grandeza humana y reconocimiento. De ahí en adelante lo que vemos es la actitud de un alma que decide seguir avanzando a pesar de su motivación impura en lo profundo. El resto de la trama se desenvolverá a partir de este elemento. Bien reza el dicho: "el camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones".

Sigamos escuchando las palabras del Maestro:

La trama no sería completa sin la aparición de los ángeles caídos en una visión fingida del Señor Dios y de su Cristo – esto para convencer a sus compañeros y a todos lo que lo seguirían de que la compañía había sido ordenada desde lo alto.

El describió su vision de Jesus cargando la cruz en su hombre, y de pie a su lado, el mismo Padre eterno, le habló a Jesús y le dijo, “yo deseo que tomes a este hombre como tu siervo”, después de lo cual Jesus tomó a Ignacio para si y le dijo, “Mi voluntad es que nos sirvas.”.

Yo ahora quiero decirle al cuerpo de Dios en la tierra lo que es bien conocido por el cuerpo de Dios en el cielo, y es que esta experiencia en la vida de Ignacio de Loyola no fue dada a través del Espíritu Santo y por lo tanto no es un contacto legítimo con el Padre y con el Hijo. Mas bien, fue una experiencia en la cual, siendo poseído por ese orgullo que surge antes de la caída, él sucumbió a los halagos de dos miembros de la falsa jerarquía (impostores del Padre y del Hijo), que han usado halagos una y otra vez de forma exitosa, sobre aquellos que son orientados a lo físico –y a la personalidad. El deseo de halagos y de fenómenos, el deseo de “ganar renombre”, y el deseo de austeridades extremas (a menudo como sustituto de la rendición que debe llevar a cabo el alma) que nunca son requeridas por el salvador de las almas pero que siempre son exigidas por el seductor de almas, lo volvieron vulnerable y abierto a las maquinaciones psíquicas de los caídos.

Convencido de su convicción, el salió a la conquista y a conquistar “por Cristo”, una mentira que el se decía a sí mismo una y otra vez hasta que esta mentira se convirtió en su verdad. En realidad, el buscaba la satisfacción del deseo insaciable del ego de ganar los poderes del príncipe de este mundo. Los egos de Loyola y de Lucifer se fusionaron como uno y fueron el mismo, vibración por vibración. Desafortunadamente la oscuridad más grande se encuentra en las sombras de la más grande luz. Sepan entonces que donde está la manifestación más elevada del Bien Absoluto, existirá la confrontación del mal absoluto – y esto dentro del scenario de la mente, el corazón y el alma de las propias criaturas de Dios que evolucionan en los planos de la Materia.

Sin la mente de Dios, las personas se vuelven el producto de la consciencia de las masas, las víctimas de su propia mente carnal y de los archiengañadores que la personifican. Para seguir los fines del ego, las personas se convencen a sí mismas de que están comprometidas en las actividades de Dios cuando en realidad Dios no hace parte de sus actividades; y en sus engaños del uno al otro, ellos se terminan auto-engañando. A ellos, la falsa jerarquía les dice que son los servidores del Altísimo. Les dice que están actuando dentro del círculo del sancasanctórum , y ellos no saben que han sido dirigidos por fuera de la circunferencia de su consciencia en su justificación de los medios por medio de los cuales ellos buscan lograr sus fines.

2 comentarios:

Ernesto dijo...

Esto me resultó muy importante:

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...esta experiencia en la vida de Ignacio de Loyola no fue dada a través del Espíritu Santo y por lo tanto no es un contacto legítimo con el Padre y con el Hijo. Mas bien, fue una experiencia en la cual, siendo poseído por ese orgullo que surge antes de la caída, él sucumbió a los halagos de dos miembros de la falsa jerarquía (impostores del Padre y del Hijo), que han usado halagos una y otra vez de forma exitosa, sobre aquellos que son orientados a lo físico –y a la personalidad.
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Es realmente para pensar, cómo un ser humano tan mareado por sus propios deseos personales, puede llegar a preparar todas las condiciones necesarias de caer en su propia trampa, al punto de ser engañado (que era lo que quería creer) por la falsa jerarquía, haciéndose pasar por el Verdadero Maestro.
Y esto me hace pensar: ¿hasta qué punto no estamos nosotros expuestos a que nos suceda lo mismo?

Hugo dijo...

Ernesto,

Yo creo que ese fragmento que citas es realmente una enseñanza muy importante. Quizás una de las más importantes que quiere transmitir el Maestro Kuthumi.

Creo además que todos estamos sujetos a que nos suceda lo mismo en la medida que no purifiquemos nuestras motivaciones más profundas. A veces podemos autoengañarnos a nosotros mismos, y a pesar de creer que estamos sirviendo a Dios, un análisis más profundo nos puede mostrar que al que estamos sirviendo es al ego.

Por supuesto esto no se da en todos los casos. Muchos de nosotros queremos servir a Dios con la mayor pureza y trabajar por su gloria, pero creo que un continuo autoanálisis, y mantener siempre alta nuestra guardia, nos permitirán no caer en estas sutiles trampas.

Saludos,

Hugo.