martes, 27 de enero de 2015

Megan Boudreaux: Un ejemplo maravilloso de lo que significa seguir la Dirección Divina


Megan Boudreaux trabajaba en el área de mercadeo y vivía una confortable vida en Louisiana, al sur este de los Estados Unidos. A sus 24 años, visitó Haití en un viaje de negocios justo unos meses después de que se produjera un devastador terremoto de magnitud 7.0.

Este terremoto que se produjo en Enero de 2010, acabó con la vida de aproximadamente 300 mil Haitianos, mientras que más de un millón terminaron siendo desplazados de sus hogares. Adicionalmente, cerca del 25% de las escuelas de ese país fueron afectadas por el terremoto, cuyo epicentro se dio a solo 15 millas de la capital Puerto Príncipe.

Tal como lo cuenta Megan en su libro: El Milagro en la Montaña del Vudú, su viaje a Haití le generó un impacto profundo por la devastación y la desesperanza que encontró en los pocos días que duró su visita.

En un viaje de descanso a la localidad de Gressier, Megan escaló una pequeña montaña llamada Belleuve, la cual luego descubriría era un sitio reconocido para los rituales de Vudú. Buscando un respiro del calor y del sol que impactaban con fuerza ese día, ella encontró una apacible sombra al pie de un árbol de tamarindo. En su pequeño momento de descanso, en medio de esta montaña, no paraba de pensar sobre la pobreza, el hambre, la enfermedad y el trauma que había contemplado en este país. Ella pensó en los niños que había visto haciendo tareas y trabajos propios de adultos, y deseo por un momento que alguien hiciera algo para cambiar toda esta dramática situación. Pronto se daría cuenta que ese alguien era ella.

Megan describe en su libro la siguiente experiencia de cómo le llegó la dirección divina:

Tan pronto volví a mi hogar en Lousiana, los sueños comenzaron. Pero no eran sueños acerca de las mujeres que había visto, o de los niños que sufrían, o de las sucias carpas de los refugios - solo el árbol. Deseaba volver a ver ese árbol y pensé que me estaba llamando de vuelta a Haití, como si mi espíritu estuviese siendo atraído.

Con ese impulso interno, y el deseo de seguir obedientemente la dirección que ella sentía provenía de Dios, Megan vendió todas sus pertenencias y se desplazó a Haití, donde comenzó desde cero una fundación que desde entonces no ha parado de crecer.

Según algunos estimados, en Haití hay cerca de 300,000 niños esclavos, gran parte de los cuales no tienen acceso a educación. Respire Haiti, la organización que ella creó, ha construido escuelas y hoy en día educa cerca de 500 niños en este país del Caribe y le da trabajo a cerca de 100 personas del área. Megan terminó viviendo muy cerca de ese árbol que había visto en sus sueños y que la impulsó a dedicar su vida al servicio de Dios.

Pero aparte de ser una increíble historia, hay una gran clave que hemos mencionado en otros artículos en el pasado y tiene que ver con la forma en que funciona la Dirección Divina.  Esta clave es que cuando Dios nos llama a su servicio, debemos ser obedientes y dar los pasos que tenemos que dar, uno a la vez. Nuestra función es la de avanzar a pesar de que no tengamos claro ni cuáles son los medios ni cuál es el plan específico que Dios tiene para nosotros.

En una entrevista reciente, Megan respondió lo siguiente cuando le preguntaron que cuál había sido la clave de su relación con Dios para llevar a cabo toda esta obra:

Para mí definitivamente fue el ser obediente. Ser obediente significó que Dios no me dió la visión o el plan de lo que iba a hacer en esta obra o de lo que iba a hacer en los próximos 5 años. No me mostró ni me dijo que iba a construir una escuela o que iba a hacer muchas cosas. Fue más como: hey, tienes que ser obediente e irte a vivir a Haití. y luego te voy a mostrar cuál es el siguiente paso, y luego el siguiente. O sea que la clave fue la de ser obediente en esas pequeñas cosas, y fue a partir de aquí que él pudo construir toda su obra en esta montaña de Haití".

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