viernes, 13 de febrero de 2015

Dios el todo, y Yo la nada



Una de las realizaciones más importantes en el sendero espiritual llega cuando internalizamos plenamente esta frase, usada por el Papa Juan XXIII (conocido hoy como el Maestro Ascendido Johannes) y atribuida a San Francisco de Asis (conocido como el Maestro Kuthumi): "Dios el todo, y yo la nada".

Nuestra realidad, nuestro verdadero Ser es Dios, y es por él y a través de el que conseguimos cualquier logro en este mundo finito. Más aún, en el sendero espiritual aprendemos cómo es él, Dios, el que provee tanto las iniciaciones como la fuerza interna que nos permite superarlas y convertirnos cada día más en su realidad.

En otras palabras, el discípulo espiritual llega a un punto en el sendero en el cuál experimenta el entendimiento de que Dios realmente es el todo, y que nosotros, nuestra personalidad humana es la nada. De alguna manera, el concepto de la vida impersonal que hemos tratado en algunos artículos recientes, solo se puede manifestar plenamente cuando logramos este entendimiento. Nos convertimos en la plenitud cuando rendimos nuestra personalidad y aspectos humanos ante nuestra Ser Divino, que es impersonal.

Es en los momentos de profunda contemplación donde vemos con el ojo interno que todas las cualidades que expresamos en este mundo vienen de él. Cuando somos realidad, es porque estamos dejando que fluya a través de nosotros la Realidad de Dios. Cuando somos amor, es porque nos convertimos en un canal del Amor de Dios. Cuando somos maestría, es porque dejamos que fluya a través de nosotros la Maestría de Dios. Todas y cada una de esas cualidades que se desarrollan en nosotros a través de las iniciaciones que pasamos en el reloj cósmico.

La mayoría de personas en este mundo alcanza sus logros usando la energía, los talentos y la luz de Dios, y sin embargo no lo reconocen a él como el hacedor. De hecho, muchos en el mundo aprovechan estos talentos para buscar solamente sus propias metas personales y egoístas. Nuestro Ser verdadero es impersonal, y cuándo caminamos el sendero espiritual y progresivamente nos vamos fusionando con él, entendemos verdaderamente que todo lo que somos y nuestros logros vienen de nuestra única fuente: Dios.

Para practicar esta conciencia podemos llevar a cabo esta tarea:

No esperamos reconocimiento ni gratitud. La gratitud y alabanza se la vamos a entregar sólo a Dios.¡Ejercitémonos en esta elevada consciencia de no esperar nada de nuestro prójimo, ni reconocimiento ni gratitud! Si una persona nos da las gracias, entreguemos el agradecimiento a Dios. Si recibimos reconocimiento, entreguemos este reconocimiento a Dios.

Ejercitémonos en esto en los próximos días, entonces comprobaremos qué gran fuerza y poder fluyen hacia nosotros.

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