viernes, 8 de enero de 2010

Anatomía de un alma que cayó (V)

Hoy seguimos adelante en esta serie que estudia la evolución y caída del alma que alguna vez fue conocido como Ignacio de Loyola. En esta serie el Maestro nos cuenta cómo él fue tentado por Lucifer y sucumbió a la prueba, a pesar de que él consideró que al hacerlo podía seguir sirviendo a Dios. Esta serie provee unas claves profundas de aspectos fundamentales del sendero, y esta parte especialmente nos arroja enorme luz acerca de la dinámica que experimenta un alma cuando es tentada por el adversario.

Veamos lo que dice el Maestro Kuthumi:

Consideremos la anatomía de un alma. Consideremos la psicología de la caída del hombre. Los registros akáshicos muestran que después de morir, Ignacio de Loyola fue recibido por miembros clave de la falsa jerarquía haciéndose pasar por hijos de la luz y que lo felicitaron por sus logros en la fundación más importante de ese tiempo, la compañía de Jesús.

Con su ego debidamente exaltado, Loyola fue llevado ante uno al que se referían como "la Divina Majestad" - un título a menudo usurpado por Lucifer para embaucar a las almas que pasan por el plano astral creyendo que por merito personal (y no por gracia divina) es que están en ese momento en la presencia del Altísimo o de su hijo Jesús el Cristo.

El mismísimo Lucifer que aconsejó a Loyola durante su preparación para la posición de poder bajo el mando de Satán ahora le hablaba como un igual, apelando a su insaciable deseo de ser como los dioses, de conocer el bien y el mal, y de controlar las almas de la humanidad no para la mayor gloria de Dios, sino para la mayor gloria de la mente carnal personificada en el príncipe de este mundo. No solamente había Loyola probado del árbol del conocimiento del bien y del mal, sino que se había convertido en un dispensador de este.

Era el momento para que el alma de Ignacio fuera tentada por Satán en el desierto de su propia consciencia. El Diablo que había tratado de tentar al Señor Jesús tres veces después de su ayuno de cuarenta días y cuarenta noches se le presentó a Ignacio, tentándolo por medio de su deseo de poder para la conquista de las almas.

El lo llevó a las altas montañas de su propio ego exaltado y le mostró todos los reinos del mundo y su gloria y le dijo: "Todas estas cosas te daré si te inclinas y me adoras".

Cuando Ignacio escuchó las condiciones del pacto con el Demonio, él tuvo una lucha en su alma; porque ahora sabía ante el trono de quién estaba. El se dijo a sí mismo, "Pero el Adversario (Lucifer), con su lugarteniente (Satán) a su lado, tienen una gran apariencia de luz y poder!". Aquel que antes de su caída de la posición de Arcángel había sido llamado "el Portador de la Luz" reveló su cercanía con el Señor Dios y su simpatía por todas las criaturas, grandes y pequeñas. Ignacio estaba impresionado. Un ser tan poderoso y formidable no podía -pensó el- ser la encarnación del mal absoluto tal como la teología le había enseñado a concebir el Demonio. No -concluyó él- Lucifer y Satan deben ser los instrumentos del Juicio del Señor designados por él para probar las almas de los seres sintientes y pecadores.

De repente, él se llenó de lástima por aquellos que habían sido tan denunciados por la Iglesia y por la hermandad de los santos como los archienemigos de la Cristeidad. "Después de todo", se dijo a sí mismo: "yo soy un sabio en el conocimiento de la Iglesia y sus asuntos? No estoy yo bien equipado para discernir lo verdadero de lo falso? He sido instruido por los más eruditos del mundo; yo juzgaré por mi mísmo. Yo asociaré mi alma y mi misión con los defensores de la oscuridad por un tiempo y espacio para que esa luz descienda e ilumine a la humanidad de la Tierra.

"Yo toleraré por un tiempo las obras del tal Malvado; porque en últimas sus métodos y sus medios serán justificados por el resultado final de la mayor gloria de Dios y la salvación de las almas. Yo
soy demasiado entendido como para dejarme enredar por las componendas del Adversario. Yo lo usaré como un medio para lograr un fin, a pesar de que él piense que es él el que me está usando para ser un medio para sus fines". Finalmente, calculando desde su espíritu de orgullo, ambición y contemplada aclamación, él reflexionó para sí mísmo, :"si yo puedo controlar el mundo, yo puedo controlarlo para Dios". En ese momento él cayó de rodillas para ser iniciado por Satán y para recibir el poder del príncipe de este mundo.

Como ven, Satan conocía bien el cronograma del Señor. El sabía que con la venida de los dos testigos en el siglo XX, él sería atado por el Señor por mil años. El por tanto necesitaría de alguien que fuera capaz de llevar a cabo su trabajo en su ausencia - organizar su gobierno mundial y su iglesia mundial, diseminando su doctrina diabólica, y preparándose para su retorno. Satan tenía que transferir su momentum de maldad antes de que fuera atado; y tenía que transferirlo a aquel que estuviera muy bien entrenado -uno que no fuera capaz de fallar llevando a cabo sus propósitos, uno que pudiera entregarle su alma a cambio del poder de Satán, el mismo poder que fue rechazado por Jesúcristo.

Como muchos que han estado ante él y que han terminado siguiéndolo, Ignacio de Loyola no se dió cuenta que su pacto con el Demonio, independiente de la lógica de su justificación, lo convirtió en el aprendiz del Hechicero y su voluntad se volvió plenamente la del mismo Demonio. El iría a hacer las obras de los caídos muy a pesar de sí mismo. De esta forma, engañado por el Diablo y sus ángeles, él se puso el vestido, la consciencia, del Diablo. Su alma entró a la oscuridad externa. Su fanatismo militante por el Cristo, motivado de forma impura desde su incepción, ahora se convirtió al anticristo. El era ahora la personificación del Anticristo que iba decidido a pervertir no solo al Hijo, sino también al Padre y al Espíritu Santo.

sábado, 2 de enero de 2010

Anatomía de un alma que cayó (IV)

Hoy les traigo otra entrega de las enseñanzas de Kuthumi acerca de la vida de Ignacio de Loyola. En este fragmento el Maestro nos muestra cómo la compañía que él creó desde su estado de unidad con la mente luciferina, ha infiltrado la Iglesia y también como esta orden ha sabido neutralizar el descenso del karma por sus obras, gracias a su cercanía con la iglesia católica y a las almas de luz que hacen parte de ella.


Nos dice el Maestro:


A pesar de la aparente sumisión de su compañia para “la mayor gloria de Dios” y al bien de las almas, la falsa jerarquía buscó usar la orden militante de Loyola para hacer de la educación un fin en sí mismo y no el medio para la espiritualidad y la vida espiritual. Su obendiencia jurada al Papa, “el principio y el fundamento” de la sociedad, era otro mecanismo ingenioso de la falsa jerarquía –no solo la forma para justificar los fines de control del Anticristo dentro de la Iglesia, sino también el medio para lograrlo. Esta lealtad jurada al vicario del Cristo logró para los Jesuitas una inocencia externa y una inmunidad interna a su propio karma. Les voy a explicar.


La historia de la Compañía está rodeada de la desconfianza por parte de la iglesia y el estado hacia Loyola y hacia todos los que lo siguieron. Esta desconfianza está basada en la vibración siniestra que emanaban muchos de sus miembros, una vibración que siempre era registrada por las almas de los seres de luz, aunque una prueba fehaciente con hechos y datos nunca pudo establecerse. Ellos fueron expulsados de un país tras otro por sus prácticas nefarias y por sus desmesurados deseos de poder, riqueza y control de los gobiernos y de las economías de estado. En 1773 la orden fue suprimida por el Papa (Clemente XIV), solo para ser aceptada nuevamente por el Vaticano en 1814 (Papa Pio VII). Tan solo en 1957, los Jesuitas fueron reprendidos por el papa (Pio XII) durante la congregación de la compañia que se celebró en Roma.


Pero los ángeles caídos que controlan desde el plano astral la manifestación externa de los falsos maestros y sus enseñanzas saben que a fin de lograr sus fines, a menudo deben hacer componendas permitiéndoles a sus representantes manifestar alguna semblanza de obediencia a Dios y a sus leyes, haciendo por lo tanto solo el suficiente karma positivo que los pueda proteger de su propio karma negativo. Al declarar su lealtad al Vicario del Cristo, el cuarto voto que toma la élite de la compañía, los miembros de la orden ganaron aceptación que incluso los llevo a lograr la canonización dentro de la Iglesia.


Además, por medio del juramento de obediencia ellos han logrado la protección de la Iglesia para su filosofía y prácticas luciferinas dentro de sus mismas paredes. Al aceptar la Compañía de Jesús como parte de sí misma, la Iglesia le ha extendido a esa compañía el momentum de su propio karma favorable logrado en el servicio al Cristo y a la humanidad. Este buen karma entonces se interpone en el descenso del mal karma de la compañía sobre ella misma. Y la misma presencia de seres de luz dentro de la orden era en sí una forma de expiación por las obras de los malvados.


Esta es la psicología de los caídos y la forma en que trabajan su ciencia punto por punto, siempre buscando atar a las almas de luz a almas de oscuridad y viceversa para detener la mano del karma inminente; porque ellos saben que los Señores del Karma siempre protegerán a los Hijos de la Luz. Sin embargo, ese “siempre” no quiere decir para siempre. Porque después de haber tenido las suficientes oportunidades para separarse a sí mismos de los ángeles caídos y de la consciencia de las masas en la alquimia del Cristo y habiéndose rehusado a obedecer el mandato “apartaos y sed un pueblo separado y escogido, elegido por Dios”, los hijos de Dios, por su propia desición o por su falta de decisión, por su simpatía con el malvado, deben juntos llevar el karma que desciende de los malvados y de su generación de maldad.


Esta manipulación de la compañía de Jesús dentro de la Iglesia “funcionó” porque la Iglesia misma nunca ha estado libre de la mancha de la filosofía luciferina de que el fin justifica los medios.


Continuaré entonces con la historia de la infamia de los caídos.


Lo peor está aún por venir.


Kuthumi.


viernes, 1 de enero de 2010

Anatomía de un alma que cayó (III)

Hoy quiero seguir con nuestro estudio de la enseñanza de Kuthumi que tiene por título "Desenmascarando las Falsas Enseñanzas".

En este artículo el Maestro nos sigue revelando aspectos claves de la vida de Ignacio de Loyola que quedaron gravadas en los archivos akáshicos.

Este aspecto de la historia es muy interesante, porque nos muestra como a pesar de sus aparentes buenas intenciones, Loyola era muy vulnerable a las fuerzas del príncipe de este mundo debido a sus anhelos de grandeza humana y reconocimiento. De ahí en adelante lo que vemos es la actitud de un alma que decide seguir avanzando a pesar de su motivación impura en lo profundo. El resto de la trama se desenvolverá a partir de este elemento. Bien reza el dicho: "el camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones".

Sigamos escuchando las palabras del Maestro:

La trama no sería completa sin la aparición de los ángeles caídos en una visión fingida del Señor Dios y de su Cristo – esto para convencer a sus compañeros y a todos lo que lo seguirían de que la compañía había sido ordenada desde lo alto.

El describió su vision de Jesus cargando la cruz en su hombre, y de pie a su lado, el mismo Padre eterno, le habló a Jesús y le dijo, “yo deseo que tomes a este hombre como tu siervo”, después de lo cual Jesus tomó a Ignacio para si y le dijo, “Mi voluntad es que nos sirvas.”.

Yo ahora quiero decirle al cuerpo de Dios en la tierra lo que es bien conocido por el cuerpo de Dios en el cielo, y es que esta experiencia en la vida de Ignacio de Loyola no fue dada a través del Espíritu Santo y por lo tanto no es un contacto legítimo con el Padre y con el Hijo. Mas bien, fue una experiencia en la cual, siendo poseído por ese orgullo que surge antes de la caída, él sucumbió a los halagos de dos miembros de la falsa jerarquía (impostores del Padre y del Hijo), que han usado halagos una y otra vez de forma exitosa, sobre aquellos que son orientados a lo físico –y a la personalidad. El deseo de halagos y de fenómenos, el deseo de “ganar renombre”, y el deseo de austeridades extremas (a menudo como sustituto de la rendición que debe llevar a cabo el alma) que nunca son requeridas por el salvador de las almas pero que siempre son exigidas por el seductor de almas, lo volvieron vulnerable y abierto a las maquinaciones psíquicas de los caídos.

Convencido de su convicción, el salió a la conquista y a conquistar “por Cristo”, una mentira que el se decía a sí mismo una y otra vez hasta que esta mentira se convirtió en su verdad. En realidad, el buscaba la satisfacción del deseo insaciable del ego de ganar los poderes del príncipe de este mundo. Los egos de Loyola y de Lucifer se fusionaron como uno y fueron el mismo, vibración por vibración. Desafortunadamente la oscuridad más grande se encuentra en las sombras de la más grande luz. Sepan entonces que donde está la manifestación más elevada del Bien Absoluto, existirá la confrontación del mal absoluto – y esto dentro del scenario de la mente, el corazón y el alma de las propias criaturas de Dios que evolucionan en los planos de la Materia.

Sin la mente de Dios, las personas se vuelven el producto de la consciencia de las masas, las víctimas de su propia mente carnal y de los archiengañadores que la personifican. Para seguir los fines del ego, las personas se convencen a sí mismas de que están comprometidas en las actividades de Dios cuando en realidad Dios no hace parte de sus actividades; y en sus engaños del uno al otro, ellos se terminan auto-engañando. A ellos, la falsa jerarquía les dice que son los servidores del Altísimo. Les dice que están actuando dentro del círculo del sancasanctórum , y ellos no saben que han sido dirigidos por fuera de la circunferencia de su consciencia en su justificación de los medios por medio de los cuales ellos buscan lograr sus fines.